Caperucita Con Botas [Claudio Trinca]

 

Al final, una Caperucita Roja encuentra la casa en mitad del bosque. Aunque no es como la que recordamos del cuento, ella va desnuda, con su coño peludo, llevando solo una caperucita y unas botas de color rojo.

Tras golpear la puerta, dice que es su pequeña gatita, la que siempre quiere comer. Pidiéndole que deje su cesta y se acerque a él, un hombre con máscara la espera desnuda en la cama. Dentro hay muchos accesorios y cosas de sado, así que esto se pondrá interesante.

Caperucita le pregunta qué quiere hacer con ella hoy, ante lo que propone que comience chupando sus grandes tetas. Llamándolo malo, porque sabe que eso hace que se moje.

Quitándole la capa, la pone en una posición más cómoda. Ella le dice: “Qué gran polla tienes”, pero debería estar tranquila porque se ha asegurado de traer vaselina. La misma que usa para lubricar su culo, mientras una Caperucita se siente bien de que se preocupe en cuidarla.

Metiéndosela suave por el trasero, ella comienza a gemir en cuatro patas mientras le pide que siga. Aunque no tarda mucho en metérsela hasta dentro. Lo que le encanta a Caperucita, que pide más.

Entre los accesorios del hombre, hay un látigo que usa para azotar las nalgas de ella. Una Caperucita guarra que le pide más y quiere que la siga castigando. Por eso él se excita tanto y termina corriéndose arriba de su culo.

Tras terminar, Caperucita pregunta dónde está su esposa. Así que el hombre la guía hasta una mesa donde la tiene atada. Dándole muchas ganas a Caperucita de comerle el coño para aliviar su sufrimiento.

El hombre ha comenzado a penetrar la boca de su esposa. Una situación muy morbosa que provoca que se corra en la boca de la esposa y en la cara de Caperucita, que no quería perdérselo. Aunque tiene que tragárselo todo para no desperdiciar.

Ahora han soltado a la esposa, pero solo para atarla en una cruz. Buscando en su gabinete entre todas las cosas que tiene para ver qué clase de castigo pueden darle. Allí toma un par de pinzas que conecta en los pezones de la pobre mujer y se los estira. Pero como se queja, decirle darle algunos azotes con su látigo ante la mirada de Caperucita, que todo esto le parece excitante.

Estaba usando un gran dildo en su coño, pero el hombre la llama para terminar con el castigo de su esposa. Es un juguete doble que Caperucita también puede utilizar en su vagina. Aunque es una chica que se porta mal y también quiere la polla de él en la boca. Logrando que se vuelva a correr.

Al final solo eran una pareja que le gustaba cumplir fantasías relacionadas con cuentos conocidos. Por eso la otra mujer no era más que una tercera que habían contratado para hacer de la abuelita.

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